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  • domingo, 1 de abril de 2018

    El espíritu desea, el periespíritu vibra y el cuerpo experimenta - Jorge Hessen

    Traducido por: Mercedes Cruz Reyes 
    Madri/Espanha


    Investigadores de la división de enfermedades digestivas del Mount Sinai Medical Center, en Nueva York, en Estados Unidos, encontraron un "nuevo órgano" del cuerpo humano. El descubrimiento sólo fue posible porque utilizaron un nuevo equipo, una nueva versión del endoscopio, manguera con una cámara en la punta que permite analizar el sistema digestivo.

    Para Neil Theise, profesor en patología y uno de los responsables de la investigación, existe una unidad y singularidad de estructura o de función del fluido intersticial, que compone el 20% del líquido del cuerpo. Este fluido intersticial rodea las partes del cuerpo que se mueve, como la piel o el pulmón. El investigador jamás cuestiona como fluido intersticial (densa capa de tejido conjuntivo) sobrevive a tanto estrés sin romperse. Ahora se sabe que no son tejidos conectivos densos, son distensibles y compresibles espacios llenos de fluido. Esto puede incluso ayudar a explicar cómo el cáncer se extiende por el cuerpo ", según Theise. [1]

    Los espíritas saben que nuestra carcasa biológica es el espejo del cuerpo periespiritual. Para que en el futuro la ciencia evalúe mejor la mecánica y la naturaleza del cuerpo humano necesitará estudiar más profundamente y la estructura funcional del periespíritu, como matriz gerenciadora de las funciones del cuerpo físico. El periespíritu no ha sido estudiado actualmente por ausencia de instrumentos y equipos de laboratorio más potentes. La ciencia académica todavía está muy lejos de conocer y entender mejor la estructura de funcionamiento del psicosoma.

    Nuestra realidad mentor-espiritual genera el impulso creador que se proyecta en el cuerpo periespiritual y luego en el cuerpo físico. En otras palabras: cuando el espíritu desea, el psicosoma vibra y el cuerpo experimenta. En esta línea de razonamiento, concluimos que el proceso inmunológico, que neutraliza el desarrollo de enfermedades (incluso el cáncer), es resultado del trabajo permanente en el bien y en la práctica de la solidaridad, de la fraternidad y del perdón irrestricto, atributos estos del espíritu inmortal.

    Algunos embriogenistas actuales "desconfían" de la existencia de ese principio e intentan, de alguna forma, comprobar esa desafiante "matriz gerenciadora" en el mecanismo de la generación orgánica. Enseñan a los bienhechores espirituales que el psicosoma tiene función organogénica. De ahí, permite la formación del propio organismo y funciona en armonía con los códigos genéticos. Por esta razón, en su ausencia, el proceso de fecundación sería una composición orgánica sin forma definida (amorfa).

    El espíritu, a través del periespíritu, "influye en el citoplasma (sed de las fuerzas fisiopsicosomáticas), junto con las funciones endocrinas, por estar fijado en el sistema nervioso central y enraizado intrínsecamente en la sangre, siendo el modelador definitivo de la célula." (2 Se sabe que si se colocan fragmentos de tejidos orgánicos de la epidermis o del cerebro en una porción de suero a temperatura ideal, el fragmento acusa una intensa vida. Después de algunas horas, los productos de la excreta intoxican el suero, impidiendo con ello el desarrollo celular. Renovando el suero, las células crecen de nuevo. Pero sin el gobierno mental, a través del periespíritu, en nada quedan siquiera parecidas a sus hermanas en funciones orgánicas. [3]



    Nuestra realidad mentor-espiritual genera el impulso creador que se proyecta en el cuerpo psicosomático y luego en el marco físico. En otras palabras: cuando el espíritu quiere, el periespiritu amolda y el cuerpo está formado de conformidad con el molde periespiritual.)



    Referências bibliográficas:

    [2]     XAVIER, Francisco Cândido & VIEIRA Waldo. Evolução em Dois Mundos, Ditado pelo Espírito  André Luiz, RJ: Ed. FEB, 2002
    [3] Las células toman aspectos diferentes según la naturaleza de las organizaciones a que sirven y la inteligencia, influenciando el citoplasma, obliga a las células al trabajo que necesita para expresarse, trabajo este que, a costa de repeticiones casi infinitas, se vuelve perfectamente automático para las unidades celulares que se renuevan de manera incesante en la ejecución de las tareas que la vida les señala.

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