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  • sexta-feira, 13 de abril de 2018

    ANTE EL DOLOR, EN LOS ESTATUTOS DE DIOS NO HAY ESPACIO PARA LAS INJUSTICIAS - Jorge Hessen


    Traducido por: Mercedes Cruz Reyes 
    Madri/Espanha

    Leticia Franco, de 36 años, de 36 años, médica de Cuiabá ya fue ingresada decenas de veces desde 2010. Sólo en la UTI (Unidad de Terapia Intensiva) fueron 34 veces. El gran sufrimiento es causado por una enfermedad crónica degenerativa que hizo que ella publicara recientemente una especie de despedida en las redes sociales: "En 16 días estaré lejos, en Suiza, haciendo lo que me dejará libre del dolor y del miedo.  Creo que mañana o después desconecto ese Facebook (...) (sic) A toda mi familia dejo mi más sincero amor ", publicó el 1 de marzo de 2018. [1]
    Fue en 2017, cuando fue internada e hizo la traqueotomía para poder respirar, que comenzó a pensar en el suicidio asistido. Como médica, ella siempre defendió que pacientes de enfermedades incurables o con muerte cerebral pudieran tener esa opción. La decisión de poner fin a la vida, según Leticia Franco, fue extremadamente difícil e involucró cuestiones religiosas. En el momento, Franco afirma haber suspendido el plan - la posibilidad de poder tener su caso estudiado y ayudar a otras personas que tengan la misma enfermedad la llevó a cambiar de idea.
     [2]El viaje a Suiza citado en el mensaje apuntaba al plan de "eutanasia" o suicidio asistido en una conocida clínica que ofrece ese servicio a pacientes terminales que desean poner un fin a su vida, práctica que es legal en aquel país, al contrario de lo que sucede en Brasil.
    En Brasil, la Constitución y el Derecho penal son muy claros: la eutanasia constituye un asesinato común. En las huestes médicas, desde el punto de vista de la ética de la medicina, la vida es considerada un don sagrado, y por lo tanto es vedada al médico la pretensión de ser juez de la vida o de la muerte de alguien. A propósito, es importante dejar consignado que la Asociación Mundial de Medicina, desde 1987, en la Declaración de Madrid, considera la eutanasia como un procedimiento éticamente inadecuado. 
    No cabe al hombre, bajo ninguna circunstancia, o bajo cualquier pretexto, el derecho de escoger y deliberar sobre la vida o la muerte de su prójimo, y la eutanasia, esa falsa piedad, obstaculiza la terapéutica divina en los procesos redentores de la rehabilitación. Nosotros, espíritas, sabemos que la agonía prolongada puede tener una finalidad preciosa para el alma y la enfermedad incurable puede ser, en verdad, un bien.
    Nosotros, espíritas, sabemos que la agonía física y emocional prolongada puede tener finalidad preciosa para el alma y la enfermedad pertinaz puede ser, en verdad, un bien. La cuestión 920, de El Libro de los Espíritus, registra que "la vida en la Tierra fue dada como prueba y expiación, y depende del propio hombre luchar, con todas las fuerzas, para ser feliz cuanto pueda, amenizando sus dolores". [3]
    El verdadero espirita se porta siempre a favor del mantenimiento de la vida, respetando los designios de Dios, buscando no sólo mitigar sus propios sufrimientos, sino también esforzarse para amenizar los dolores del prójimo (sin eutanasias), confiando en la justicia perfecta y en la bondad del Creador, porque en sus Estatutos no hay espacio para injusticias y cada cual recibe de la vida según sus necesidades y méritos. ¡Es de la Ley mayor!



    Referencias bibliográficas:

    [1]       Disponible en http://www.bbc.com/portuguese/brasil-43575735, acceso el 10/04/2018

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