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  • sábado, 13 de janeiro de 2018

    EL ESPIRITISTA NO PUEDE SER "GATITO DE PESEBRE" (Jorge Hessen)

    Traducido por: Mercedes Cruz Reyes 
    Madri/Espanha

    ¿Será que Kardec algún día imaginó que en el futuro, en Brasil, surgiría un patrón de divulgación del espiritismo tan extraño y extravagante? Aquí los oradores se van tornando cada vez más santificados y adorados por la liturgia mística de ingenuos seguidores "espiritas".

    Tales idólatras esparcen aires de ingenuidad y van abarrotando a los indigentes y onerosos congresos espíritas, realizados, no por azar, en los amplios centros de convenciones, a fin de que haya superávit financiero teniendo en vista la manutención del poder del liderazgo del movimiento espírita Tupiniquins.

    El tema es recurrente. Empleamos aquí algunas expresiones agudas, sabemos de eso, sin embargo, la postura crítica es fundamental para el desenvolvimiento de la racionalidad espirita en su difusión.  Sabemos que jamás se aprenderá espiritismo por catequesis, como ocurre en las religiones tradicionales, ni siquiera por medio de amplios cursos (con uso de apostillas infligidas por la FEB) y conferencias repetitivas donde el público "oye" o "escucha" pasivamente.

    Espiritismo se aprende por el método activo a través del amplio diálogo donde los diversos debates doctrinales, psicológicos, morales, científicos, sociales son discutidos y confrontados con las hipótesis propuestas por los espíritus en las obras de Allan Kardec. Por otra parte, un congreso espírita para ser productivo debería tener este designio.

    ¡Basta de idolatrías! El espiritista no debe actuar como "gatita de pesebre", aceptando "verdades" individuales enumeradas por endosados oradores, pues cada espírita necesita descubrirse, conocerse a sí mismo y buscar estudiar los conceptos que le llegan para luego compararlos con los principios de los Espíritus.

    Esta debe ser la postura celosa del espirita prudente y racional, que busca comprender, para sólo después aceptar, si así lo anhela (o no), las "verdades" empaquetadas por los libros y compactadas por los bramidos de los ilustres oradores

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